viernes, 16 de marzo de 2012

El árbol que besa el suelo...

El Hierro es la más occidental y meridional de las Islas Canarias (España). Pertenece a la provincia de Santa Cruz de Tenerife. 


Es la isla más occidental del archipiélago bañado por el Océano Atlántico y el mar de arena del desierto tampoco era conocida salvo por sus habitantes, esto es debido a que las islas afortunadas citadas en el primer mapa moderno confeccionado por Ptolomeo son las islas de Cabo Verde. La isla ha tenido varios nombres, algunos se atribuyen a la gente de la isla, otros a la Corona española, sin embargo lo cierto es que la gente utiliza nombres de zonas y pueblos más que de la isla en sí. 


Ha sido conocida tradicionalmente como "Isla del Meridiano" o "Isla del Meridiano Cero", se atribuye a Ptolomeo el haber situado el Meridiano Origen, en el extremo del már conocido en su época, y que eran las Islas Canarias, hasta 1884 en la que se estableció Greenwich como nuevo meridiano origen.


El Hierro ofrece rutas, rincones, caminos y carreteras para elegir. Visitar el sabinar es solo una de las opciones.


El bosque es un lugar mítico. Aparece de manera icónica en cada historia que escuchamos, leemos o vemos desde que somos niños. El bosque da miedo, transforma, decora; es el lugar en que la naturaleza transforma y se transforma. 


Adentrarse en parajes como el sabinar de El Hierro es enfrentarse al viento, a la inquietud del contraste entre el páramo y la foresta, incluso al mar, que aparece al fondo, bajo los acantilados en los que el océano convierte la tierra en isla.


El Hierro ha convertido la naturaleza en su enseña. Los símbolos de la isla, Reserva de la Biosfera, son la laurisilva, el mágico Garoé y la sabina que los alisios han modelado, retorciendo su tronco de forma caprichosa como si el propósito de Eolo fuese agasajar el suelo con un beso. Adentrarse por el casi aljiar que rodea ese símbolo, ahora recluído entre cuerdas para evitar que los visitantes se acerquen y desgasten su supervivencia, es convertirse en testigo de una sucesión de árboles asemejados a raíces que dan pie a preguntarse si convendría visitar el lugar de noche. La primera imagen que se viene a la cabeza es la que dibuja el cineasta Tim Burton en sus escenografías góticas.


Pasear por el sabinar de El Hierro implica, como casi todo en la isla, el placer de conducir por senderos hechos para caminar o para recorrer subidos a lomos de un caballo, por ejemplo. Es solo uno de los puntos que no es posible perderse dentro del tour recomendable que lleva a dar una vuelta completa a sus 270 kilómetros cuadrados. Para alcanzarlo es necesario atravesar las rampas mecánicas que sirven de entrada a La Dehesa, donde los animales campan a sus anchas y, hasta hace poco, era necesario bajar del vehículo para abrir y cerrar las verjas que impiden que salgan.


Da igual cuál fue el punto de partida, pero para continuar la ruta, una recomendación: regresar por el balneario de Sabinosa, donde se puede repostar antes de volver a Frontera. Pero es solo una opción, y El Hierro está lleno de ellas.


Fuente: Wikipedia y Canarias Ahora



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